Muchos son lo acontecimientos vividos por esta Venerable y Real Hermandad y Cofradía a través de los siglos, y muchas son las personas que han trabajado y luchado para que sirviese como centro de fe de nuestra localidad. Que estas líneas sirvan como agradecimiento para tantos y tantos que han dejado su tiempo e incluso su vida en el empeño.

 

Síntesis Histórica

Tras la conquista del municipio de Pilas en 1247 para el Reino de Castilla, los caballeros de la Orden de Santiago se sirven de una Qubba o antiguo monumento funerario árabe que se encuentra en un punto elevado de la zona para entronizar y dar culto en ella a la imagen de su glorioso titular, patrón de España. Entre los siglos XV y XVI se organiza una primitiva hermandad que da culto a la talla del apóstol que actualmente se conserva en la Ermita, de madera estofada y datada hacia el siglo XIV. La Ermita del Señor Santiago será a partir de entonces lugar de devoción y centro radial de la localidad.
Según la tradición, a mediados del siglo XVI unos hombres piadosos, con espíritu cristiano, ricos en fe y temerosos de Dios, conscientes de su ingratitud para con Él, contritos de sus pecados y deseosos de atender la salvación de sus almas, fundaron otra Hermandad estableciendo unas Reglas y Constituciones para su Gobierno. La nueva congregación se presenta bajo la advocación de la Santa Vera-Cruz, en memoria y reverencia del admirable hallazgo de la Verdadera Cruz hecho en Jerusalén por Santa Elena, el mismo Sagrado Madero en que Nuestro Señor Jesucristo murió por la redención del género humano. Ligada tradicionalmente a la Orden Tercera de San Francisco, en 1543 se incorporó a la religión Seráfica por letras de su General fray Juan Calvo, dadas en Logroño a 28 de mayo del citado año, disfrutando de todas sus Gracias y Privilegios.

 

Posteriormente, a finales de siglo, la Hermandad de la Vera-Cruz se fundiría con la del apóstol Santiago, ampliando su propia denominación con los nombres de las imágenes titulares: Santiago Apóstol y la Madre de Dios de Belén, talla anónima fechada por sus recientes restauradores hacia 1580 y cuyo primer testimonio documental aparece, al día de hoy, en el año 1653. Esta Hermandad adopta también el instituto de Cofradía, imponiendo el ejercicio de la disciplina en su Procesión y en determinados días de su Capilla
Como referencias directas a la Hermandad, encontramos documentos tardíos en el archivo parroquial que hablan del ofrecimiento de misas por las intenciones de "cofrades de la Santa Vera-Cruz" en el año 1621. A finales del siglo XVII, la Hermandad carecía de los útiles litúrgicos mínimos para realizar los cultos, por eso el visitador general del arzobispado, Don Diego de Vergara y Gallardo, solicita en 1688 al párroco Don Juan Antonio de Medina que comunique "a las perçonas a cuio cargo está el cuidado de la Capilla del Sr. Santiago y al hermano mayor de la Cofadría de la Sta. Bera Crus sita en dicha Capilla" mandamiento para que "no permita se selebre el Sto. sacrificio de la misa en ella en ningún día de fiesta ni de trabajo del año hasta tener Caliz, patena, Ara, Albas y Ornamentos de los colores necesarios para dicho efecto y, abiéndolos, el dicho Cura dé cuenta dello al Arsobispo mi Sr. para que asigne las horas en que se a de selebrar misa en dicha Capilla". El mandato deja encargado también que "en el interin se preste por dho término un ara y cáliz de esta Yglesia".
Para principios del siglo XVIII, algunos testimonios insisten en que se trata de una hermandad humilde, con pocos recursos económicos. Así, en la visita pastoral de 1708 se especifica que no tenía más ingresos que las cuotas y limosnas. En 1715, el visitador indica que halló la Ermita "con decencia" y que la Hermandad tenía de renta un tributo de tres ducados, cuotas y limosnas. También explica que la Cofradía no había entregado cuentas desde 1704 por entender el mayordomo que no se hacía necesario dada la precariedad de las rentas de la Hermandad y por correr la mayor parte del gasto a su cargo. El visitador no aceptó la justificación y manda al párroco le tome cuentas.
El patronazgo de la Virgen sobre los habitantes de la Villa es un hecho aceptado y vivido con gran fervor. En esta época comienza a imponerse claramente la devoción a la Virgen de Belén, suplantando el nombre de esta advocación incluso al de Santiago en el apelativo popular con el que se conoce a la Ermita (el cura Miguel Gómez García, en 1785, aclara que esta población "tiene sólo una ermita con el nombre y título de Santiago el Mayor. Y más la llaman de Belén, por tener una imagen de este título que preside, muy hermosa y de mucha devoción").
Desde muy temprano abundan las donaciones que permiten engrandecer el patrimonio de la Hermandad. En 1689 el cura Don Simón Monso dona un cáliz y una patena en vista de los requisitos para el culto que exigía el visitador, según la noticia señalada anteriormente. Otro ejemplo aparece en un documento parroquial fechado en 1714, por el cual Don Fernando de Medina y Cabañas y su mujer Doña Teresa Luisa de Montiel, vecinos de Sevilla pertenecientes a la clase nobiliaria, dejan fundada una memoria a cuenta de unos terrenos de su propiedad para que se recen cincuenta misas "en la hermita de nra. sra. de Belén desta villa" y, en el caso de que no puedan rezarse dichas misas, con el total de las rentas "elijan con todo hazer una alaja que más se necessitare para la Ymagen".
A mediados de esta centuria se hace evidente cierta laxitud en la organización de las Cofradías de la localidad, por cuanto el visitador del arzobispado les acusa en 1737 de que "no toman sus quentas anuales como deven ni celebran a sus tiempos los cavildos que por sus Reglas son obligados". El veintinueve de Junio de 1772, la Hermandad de la Vera-Cruz decide renovar las Reglas al advertir el extravío de las primitivas, última consecuencia quizá de todo aquel proceso degenerativo anterior, según se recoge en su Libro de Actas Capitulares: "habló el Hermano Mayor, y propuso a toda la Hermandad que encargado en buscar la regla antigua, para govierno de nra. Hermandad, dixo, que por mas diligencias que ha hecho no ha podido encontrar sino noticia de que la huvo; por lo que pidió que se oyesen los capítulos que havía formado, arreglados en todo a las costumbres que a observado nra. Hermandad, y que se trata de pedir humildemente a el Sr. Prior y que tuviese a bien de aprobarlos, para más asegurar el culto de la Sta. vera Cruz, y N. Sra. de Belén". Los piadosos hermanos de la Vera-Cruz se hacen eco de esta necesidad cuando, al escuchar los once capítulos que formaban la nueva Regla, "todos a una vos dixeron, que eran mui conformes a lo que hasta entonces havían oído, y que era lo mismo que con dolor de sus corazones notaban quebrantado por la falta de orden y de methodo que de pocos años a esta parte se havía guardado".Las Reglas fueron aprobadas el 19 de Enero de 1773 por el Prior de las Ermitas de la Archidiócesis. En ellas, según quedaron recogidas en el actual Libro de Reglas de 1908, la Hermandad exige confesar el misterio de la Inmaculada Concepción para poder ingresar, se comprometía a doblar la campana con motivo de la muerte de sus hermanos, asistir a sus entierros y organizar una misa de sufragio general. La Junta de oficiales la componían dos alcaldes, dos diputados de cuenta y dos secretarios. Es en esta época también cuando la Hermandad toma el título de Venerable, tanto por el carácter propio de la Hermandad, como por los religiosos que la fundaron y dirigen.
Además de celebrar misas, entre otros menesteres la Hermandad estaba al cuidado de la entrega de dotes a doncellas, de dar limosnas a pobres y, especialmente, de atender a enfermos o necesitados. La Hermandad contaba con un Hospital propio llamado de la Santísima Trinidad o de la Sangre, que aparece reseñado como "hospital para mendigos" en las respuestas que sobre Pilas ofrecía el cura Miguel Gómez García en una encuesta realizada en 1785 a nivel nacional. De este centro hospitalario se conserva un azulejo con fecha de 1782, aunque el origen del Hospital podría retrasarse hasta el siglo XVII.
Por ser extensiva a todas las Cofradías de la Vera-Cruz, la Hermandad se acoge a la Bula de Paulo III que otorga Gracias e Indulgencias completas a los que visitan las Iglesias de Roma, con poder de elegir confesor que los absuelva de todo pecado y voto, excepto los reservados; y a las personas confesadas y comulgadas o con propósito de hacerlo que asistieran con luz o de penitencia a la Procesión del Jueves Santo. Igualmente, se acoge a la Bula de Pío IV con Indulgencia plenaria a culpa y pena, como se concede en el Año Santo, por visita a la Capilla en determinadas fiestas del año. Además de otras Indulgencias de Obispos y Prelados.
La fe y devoción de Pilas a Nuestras Imágenes Titulares ha motivado que, en los momentos más difíciles (guerras, epidemias, sequías, etc.), se acudiese para implorar su intercesión y sacarlos procesionalmente en rogativas o acción de gracias.
Originalmente, la Cofradía organizaba cinco fiestas al año, cada una con su sermón: Santa cruz de Mayo, Asunción, Encarnación, Pascua de Navidad y Jueves Santo, día en el que hace Estación de Penitencia, casi siempre a la hora de Oraciones, después del Sermón de la Cruz y previa reunión el Domingo de Lázaro del Cabildo de Salida.
La exaltación de la Santa Cruz ya se conmemoraba desde muy antiguo. En 1773 se advierte "que en el día en que haga esta Hermandad la función acostumbrada a la SSma. Cruz, como Patrona della, todos los Hermanos han de asistir, a la Víspera. y misa Cantada del dia Siguiente, como lo ha tenido de costumbre". Como puede comprobarse, en su festividad se celebraban tradicionales cultos y feria, siendo de mucho arraigo la devoción a la Santa Cruz en la localidad.
El día 2 de Febrero, festividad de la Purificación de la Virgen y presentación de Jesús en el Templo dedicada a la Santísima Virgen de Belén (Fiesta de las Candelas), se celebraba con gran júbilo en todo el pueblo, haciendo grandes hogueras en las plazas y colocándose antorchas en las puertas y ventanas al anochecer. Actualmente, la conmemoración se reduce a la fiesta litúrgica.

 

La Hermandad ha profesado siempre una singular devoción al misterio de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, haciendo voto desde muy antiguo de tenerlo, creerlo y confesarlo. En 1854 se adhiere a la proclamación del Dogma de Fe de la Concepción Purísima de Nuestra Señora por su Santidad Pío IX, organizando solemne procesión y cultos en su honor con la participación de todo el pueblo con gran júbilo.
Ya en el siglo XX hay que destacar el cercano talante colaborador y devoto de la familia de la Condesa de París, vinculación que culmina con la concesión en 1928 del título honorífico de Hermano Mayor a su Alteza Real el Infante Don Carlos de Borbón, el cual otorgó a su vez a la Hermandad el título de Real, incorporando su escudo al de la corporación.
La Hermandad ha procurado desde siempre guardar el tesoro de la fe católica y caridad de sus fundadores, acrecentarlo y enriquecerlo para transmitirlo a las generaciones venideras, y todo ello con el deseo de honrar a la madre de Dios de Belén como Patrona, Abogada y Protectora de la Villa de Pilas. En reconocimiento por sus gracias y favores, el pueblo de Pilas a través de su Excmo. Ayuntamiento, concede a la Virgen de Belén la Medalla de Oro de la Villa y la Vara de Mando del Cabildo en sesión extraordinaria celebrada el uno de octubre de 1996, imponiéndosele en el marco de los actos que se celebraron el día de su Coronación Canónica.
El doce de octubre de este mismo año, S.E.R. fray Carlos Amigo Vallejo, Arzobispo de Sevilla, corona canónicamente a la Santísima Virgen de Belén, excelsa patrona de Pilas, reconociendo así la veneración y devoción que desde siglos le profesa esta Villa.
Y con fecha 9 de diciembre de 1.998, y a propuesta del Excmo. Ayuntamiento de Pilas, la Junta de Andalucía a través de la Dirección General de Fomento y Promoción Turística, declara como Fiesta de Interés Turístico Nacional en Andalucía a la fiesta de Las Carreritas, reconociendo así la originalidad y la manifestación de valores propios y de tradición popular que los pileños exteriorizamos ante nuestras imágenes titulares.







Gracias a Francisco Miguel Ruiz Cabello
por su trabajo en el estudio y recopilación de nuestra historia.

 

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